¿Educación?
Un día estás sentado en un lugar, rodeado
de unas personas y escuchando ecos sin
sentido, viendo garabatos, letras y signos casi pertenecientes a otro idioma,
y te planteas: ‘pero, ¿qué estoy haciendo aquí?’. Bienvenido al resto de tus
días. Hasta que encuentres algo en lo que te sientas realizado, esa pregunta
rondará en infinitas ocasiones por tu mente.
Mientras, el profesor avanzaba con los
contenidos, y el resto de los alumnos, mis compañeros, anotaban datos como si
estuvieran programados meramente para ello. Yo me sentaba en primera fila, era
donde mejor podía enterarme de todo, pero aquel día el profesor hablaba un idioma distinto al mío. De vez en cuando,
me giraba buscando consolarme a mí misma, seguro que había alguno tan perdido
como yo. Y en efecto, había alumnos perdidos, pero de un modo distinto. Yo
intentaba confusa entender antes de copiar y pegar automáticamente cual
ordenador, ellos estaban perdidos aunque ni siquiera sabían que se habían
perdido. Algunos se habían dado por
vencido, otros se preguntaban entre ellos “¿qué es lo último que ha dicho?”,
mirando la pizarra sin pestañear… Buscando datos para aprobar, solo aprobar.
No pensamos,
rellenamos formularios. No aprendemos, memorizamos palabras que luego olvidamos
De esta forma, empecé a darme cuenta del
sinsentido de nuestra presencia allí, incluida la del profesor, el sistema
directivo, los orientadores, el resto de alumnos… Estábamos siendo educados y sin embargo, ni siquiera sabíamos con
exactitud qué era la educación. ¿Qué estaban haciendo con nuestras
mentes? Entonces ya no me sentí perdida, sino aliviada. Me había dado cuenta a
tiempo de que yo era un individuo y que el resto de alumnos también lo eran. La clave para el progreso adecuado y la
creación de generaciones prolíficas residía en esos cincuenta minutos vacíos
pero llenos de confusión y mecanicismo. No pensamos, rellenamos
formularios. No aprendemos, memorizamos palabras que luego olvidamos. No nos educan, nos normalizan, nos reducen,
nos apagan. Y con esa chispa reivindicativa aun bailando en mí, decidí
cuestionarme absolutamente todo. Así comprendí que la educación no es la simple
impartición de una doctrina, sino el proceso por el cual nos convertimos en
personas independientes con su propio pensamiento crítico y su libertad de
elección frente a la impartición de una doctrina.
La educación es
el proceso por el cual nos convertimos en personas independientes con
pensamiento crítico propio
Tras meses de largas lecturas de estudios,
artículos y entrevistas con alumnos y docentes, saqué mis propias conclusiones.
Sentí que debía rechazar esa
metodología tatuada en todo el gremio educativo. Necesitaba que mi
cerebro fuese estimulado para crecer, e irónicamente lo que me estimuló fue el
hecho de descubrir que había quienes preferían que permaneciese sumisa.
Andrea Martínez, estudiante de 1º
Bachillerato, ponencia en el congreso Utopías Educativas